Departamento de Liturgia del Arzobispado de Santiago
 
 
 
Eucaristía del Domingo 05 de Marzo de 2023
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Domingo segundo de Cuaresma
Salterio II
Color: morado

INTRODUCCIÓN

La vocación de Abraham es un ejemplo de la respuesta a la propuesta del Padre. Es por eso que es llamado el padre de la fe. Con Abrám, Dios retoma la iniciativa del diálogo. En la respuesta de Abraham existe un cambio con respecto a Abrám, de la lejanía se viene a la cercanía, de la posesión de la tierra a salir de sus posesiones, de la desconfianza en la palabra de Dios a la fe en las promesas. 

Los cristianos estamos llamados con una vocación santa a seguir a Cristo, en un camino de obediencia a Dios. La fe y el total abandono al Señor es un modelo permanente para cada uno de nosotros. Todos estamos llamados a entrar en los caminos de la redención y la respuesta que hay que dar exige una fidelidad cotidiana. Dios no nos abandona, siempre nos sostiene con su gracia, es por eso que siempre hay que recurrir a Él. Jesús se transfiguró en la montaña, después de haber anunciado a los apóstoles que el camino de la salvación tenía que pasar por el calvario, meta que Dios asignó a su Hijo para redimir a la humanidad. 

Sin embargo, Pedro, trata de detener a Jesús en el monte de la gloria, en una tentativa ingenua de evitarle la cruz. Pero la voz del cielo advierte que es necesario escuchar a Cristo y seguir sus pasos. El Evangelio es la palabra de la cruz. Tontera para algunos, pero para aquellos que se salvan, para nosotros, es potencia de Dios. Si Cristo ha tenido que sufrir e inmolarse por nuestros pecados no podemos pretender ser fieles a Dios sin esfuerzo, sin lucha, sin hacer morir en nosotros aquello que no es digno de Dios.

Antífona, de entrada            Sal 26, 8. 9 

Mi corazón sabe que dijiste: busquen mi rostro. Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.

ORACIÓN COLECTA 

Padre santo, que nos mandaste escuchar a tu Hijo amado, alimenta nuestro espíritu con tu Palabra, para que, después de haber purificado nuestra mirada interior, podamos contemplar gozosos la gloria de su rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 


PRIMERA LECTURA

Vocación de Abraham, padre del pueblo de Dios.

Lectura del libro del Génesis   12, 1-4a

El Señor dijo a Abrám:

Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que Yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición.

Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra.

Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado.

SALMO RESPONSORIAL   32 ,4-5. 18-20. 22

R/. Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.

La palabra del Señor es recta y Él obra siempre con lealtad; Él ama la justicia y el derecho, y la tierra está llena de su amor. 

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. 

Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti. 

SEGUNDA LECTURA

Dios nos llama e ilumina.

Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pablo a Timoteo   1, 8b-10

Querido hijo:

Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo.

Porque Él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Mt 17, 5

Desde la nube resplandeciente se oyó la voz del Padre: Este es mi Hijo amado; escúchenlo.

EVANGELIO

Su rostro resplandecía como el sol.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   17, 1-9

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.

Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: Levántense, no tengan miedo.

Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Credo 

Oración universal.

Oremos, hermanos, al Padre de la misericordia, árbitro de nuestros actos y Dios que escudriña lo profundo de nuestros corazones, y, con espíritu contrito, pidámosle que escuche la oración de su pueblo penitente:

Para que Dios conceda a sus fieles vivir estos días de Cuaresma con verdadero espíritu de penitencia y prepararse a celebrar con fruto el sacramento del perdón, roguemos al Señor.

Para que quienes se han apartado del camino del bien y han muerto a causa del pecado escuchen en estos días de Cuaresma la voz del Hijo de Dios y vivan, roguemos al Señor.

Para que Dios inspire sentimientos de caridad a los que tienen riquezas y multiplique los bienes de la tierra en bien de todos, roguemos al Señor.

Para que la penitencia cuaresmal aleje de nosotros el amor desordenado a los bienes visibles y sane nuestra aridez espiritual con el deseo de los bienes del cielo, roguemos al Señor.

Dios nuestro, que llamaste a la fe a nuestros padres de Israel, y a nosotros nos has concedido ser iluminados con la fe del Evangelio, escucha nuestras oraciones y abre nuestros oídos, para que, escuchando siempre la voz de tu Hijo y aceptando en nuestra vida el misterio de la cruz, podamos alcanzar la gloria de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS 

Te pedimos, Señor, que este sacrificio borre nuestros pecados y santifique el cuerpo y el alma de tus fieles, para que podamos celebrar dignamente las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

PREFACIO 

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor Nuestro. 

Él mismo, después de anunciar su muerte a los discípulos, les reveló el esplendor de su gloria en la montaña santa, para mostrar, con el testimonio de la Ley y los Profetas, que por la pasión, debía llegar a la gloria de la resurrección. 

Por eso, con los coros celestiales, te alabamos en la tierra llenos de alegría, cantando sin cesar: 

Santo, Santo, Santo …

Antífona de comunión         Mt 17, 5 

Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo. 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN 

Después de haber recibido estos gloriosos misterios, Padre, te damos gracias porque, aun viviendo en la tierra, ya nos haces partícipes de los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. 


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